Para Susy Lu, actuar nunca ha sido simplemente una profesión. Es el lugar donde puede experimentar otras vidas, explorar emociones distintas y, sobre todo, crear una conexión genuina con el público. Esa pasión la ha acompañado desde sus primeros años en la televisión hasta su regreso a los escenarios con "La Señora Presidenta", una obra que ocupa un lugar especialmente significativo en su historia.
Su trayectoria, sin embargo, no siguió una línea predecible. Cuando sus hijos eran pequeños, Susy tomó decisiones que le permitieran estar presente en su crianza, sin renunciar por ello a su identidad como actriz. Aunque las oportunidades en las telenovelas disminuyeron, encontró nuevos espacios en el teatro, la conducción, el cine y las series. Más que una pausa, fue una transformación profesional que le permitió continuar creciendo mientras construía una vida familiar sólida.
Hoy, Susy observa el paso del tiempo con naturalidad y entiende cada nueva etapa como una herramienta para enriquecer su trabajo. Lejos de perseguir una imagen determinada, prefiere concentrarse en sentirse bien consigo misma, seguir preparándose y conservar intacta la emoción que la hizo enamorarse de la actuación.
En esta conversación con, la actriz habla sobre su encuentro con María Victoria antes de interpretarla en "Silvia Pinal, frente a ti", la regla de oro que protege a su familia de la exposición mediática, su complicidad profesional con Arath de la Torre y el regreso a un escenario en el que, décadas después, vuelve a sentirse profundamente feliz.
Debutaste muy joven en Televisa y te tocó vivir de cerca la transformación de la televisión mexicana. Con el paso del tiempo, ¿cómo ha cambiado tu madurez personal y profesional la manera en que construyes y entregas un personaje en escena?
Susy Lu: Yo creo que lo más importante, sin importar la época, es abordar un personaje desde la verdad. Para mí, una de las grandes satisfacciones de ser actriz es tener la posibilidad de experimentar emociones distintas y, sobre todo, transmitirlas; lograr que el público sienta algo conmigo. Y, bueno, obviamente, seguirte preparando siempre te permite conocer nuevas técnicas y te da más herramientas para enriquecer al personaje.
Interpretaste a María Victoria en la serie Silvia Pinal, frente a ti, un reto de época importantísimo. ¿Cuál fue tu mayor cuidado para darle vida a una figura tan emblemática de la cultura mexicana sin caer en la caricatura?
SL: Tuve la fortuna de conocer personalmente a la señora María Victoria antes de interpretarla en la serie. Se portó súper cariñosa y generosa: me abrió las puertas de su casa y me dejó escoger uno de los vestidos que usaba en sus presentaciones. Obviamente, eso me dio muchísimo y me hizo sentirla más cerca: poder platicar con ella, estar en su casa y portar su vestido. También vi varios videos de ella, en los que estudié sus poses, ademanes y esos detalles tan característicos que tiene. Para mí fue un honor poder interpretarla.
En un momento clave de tu carrera, decidiste desacelerar el ritmo frenético de los foros de grabación para enfocarte en la crianza de tus tres hijos. ¿Llegaste a sentir en algún momento que la industria te cobró una factura por priorizar tu maternidad?
SL: Fíjate que mucha gente piensa que me retiré para dedicarme a ser mamá, y no fue así. Sí, por una decisión familiar, cuando nació mi hijo mayor tuve que decirle que no a una telenovela y, después, no llegaron muchas oportunidades en ese género. Sin embargo, mi carrera tomó otros rumbos. Me encontré feliz en el teatro: estuve cerca de once años en Las princesas en pugna; participé, curiosamente, en La Señora Presidenta con el señor Gonzalo Vega —y ahora, años después, estoy retomándola—; hice mis unitarios feliz, conducción, participaciones especiales en series, una película y otros proyectos. Gracias a Dios, todo esto me permitió seguir trabajando, alimentando mi alma y, al mismo tiempo, estar con mis hijos. ¿Que si la industria me cobró factura? Sabes que no me lo pregunto, porque creo firmemente que las cosas pasan como tienen que pasar. Nunca dejé de trabajar, de prepararme ni de crecer como actriz; más bien, creo que mi carrera tomó un rumbo diferente del que había imaginado. Pero creo que nunca debes dejar de hacer lo que amas —y yo amo actuar—, porque cuanto más realizada estás como mujer, más tienes para aportarles a los tuyos: a tu familia y a tus hijos. Para mí, ellos siempre han sido mi prioridad, pero eso no significó renunciar a mi profesión.
Nunca dejé de trabajar, de prepararme ni de crecer como actriz; más bien, creo que mi carrera tomó un rumbo diferente del que había imaginado"
Educar a tres hijos en una era hiperconectada y con la exposición mediática de su familia no es tarea fácil. ¿Cuál es la regla de oro en tu casa para mantener los pies bien puestos en la tierra?
SL: En mi familia sí tenemos una regla de oro que repetimos los cinco: «Mientras en nuestra casa no esté pasando nada, en realidad no está pasando nada». Cuando estás expuesto a los medios, también estás expuesto a comentarios, rumores, polémicas o cosas que puedan decirse afuera. Por eso, para nosotros, lo importante es lo que pasa adentro: hablamos entre nosotros y sabemos que siempre nos tenemos. Mis hijos han crecido en este medio y saben que la actuación es un trabajo que hacemos con todo el corazón, pero también saben que la vida real es lo que pasa en casa. Saben que, por encima de cualquier cosa que pueda suceder, lo más importante es su familia. La verdad es que todos nos conocemos y nos entendemos muy bien.
La televisión históricamente ha sido implacable con el paso del tiempo en las mujeres. Como actriz y figura pública, ¿cómo manejas hoy en día esa presión por el físico y la apariencia dentro de la industria?
SL: Yo, afortunadamente, nunca, nunca, nunca he sentido esa presión. Los personajes que he interpretado en los proyectos que me han llegado han tenido más que ver con la edad del personaje, su temperamento, sus características y con lo que yo pueda aportar como actriz que con un físico determinado. Eso no significa que esa presión no exista: sé que, en realidad, hay muchas mujeres en la industria que pueden vivirla de una manera distinta. En mi caso, he tratado de vivir el paso del tiempo con naturalidad. El cambio físico es inevitable, pero creo que eso también puede enriquecer lo que una tiene para ofrecer como actriz. A mí me interesa más sentirme bien conmigo misma y prepararme como actriz que pensar en cómo debo verme; a mi edad, esas cosas ya pasan a segundo plano, jajaja.
¿Qué fue lo que te encendió la chispa para regresar a los escenarios con "La Señora Presidenta", una comedia que ha sido un clásico del teatro mexicano durante tanto tiempo?
SL: Regresar a "La Señora Presidenta" me emocionó muchísimo por muchas razones. Primero que nada, porque es un proyecto al que le tengo mucho cariño: hace muchísimos años estuve en la puesta que protagonizaba Gonzalo Vega, con el mismo personaje —¡bendito bótox!, jajaja—. Además, es una de esas comedias en las que subes al escenario y no paras; es una comedia de enredos en la que, cada vez que se abre o se cierra una puerta, está pasando algo. El ritmo es maravilloso y muy demandante, tanto para quienes estamos arriba del escenario como para el público. También me emocionó muchísimo el elenco, porque tengo compañeros maravillosos, de los que siempre hay algo que aprender. Y, sobre todo, poder compartir ese horario con mi esposo. Es una experiencia maravillosa, porque es una aventura más que nos queda para contar juntos. Creo que lo que realmente encendió la chispa fue volver a estar en un escenario: el teatro es un lugar donde me siento profundamente feliz.
Compartir el escenario en el teatro y los micrófonos en el podcast junto a Arath exige una sintonía fina. ¿Cómo logran el equilibrio perfecto entre la intimidad de la pareja y el profesionalismo frente al público?
SL: Te voy a decir algo no como esposa, sino como profesional: trabajar con Arath es una delicia. Es profundamente profesional, disciplinado, alguien a quien admiro mucho y, además, un compañero generoso. Cuando compartes el escenario con él, siempre tienes algo que aprenderle. Creo que el equilibrio se da precisamente porque sabemos encontrarnos desde lugares distintos. Hay momentos en los que somos esposos y otros en los que somos compañeros de trabajo, y eso nos da más cosas en común y más experiencias para compartir. Es algo que nos ha gustado mucho. De hecho, durante la pandemia también estuvimos juntos en una obra virtual. Esos momentos de crear juntos los personajes y los espacios nos ayudaron mucho emocionalmente; nos aportábamos el uno al otro. El podcast nos divirtió muchísimo y nos dejó mucho: pudimos revivir momentos, reír, reflexionar y, sobre todo, compartir con el público aspectos íntimos y profundos de nosotros como familia. Y, bueno, el teatro es distinto, pero igual de especial. Te repito: me encanta estar con él y, además, siempre tenemos historias nuevas que contar.
Creo que el equilibrio se da precisamente porque sabemos encontrarnos desde lugares distintos"
El público actual busca conectar con la vida real y sin filtros. ¿Sientes que hoy es más fácil ser artista al poder hablarle directamente a la gente a través de las redes sociales? ¿Qué es lo que tú buscas transmitirles día a día?
SL: Para mí las redes sociales han sido un reto, porque no crecí con ellas. He aprendido a disfrutarlas y a conocerlas, ya que en mis primeros años como actriz no existían. Sobre todo, he aprendido a valorar la cercanía que te dan con el público. No sé si hoy sea más fácil ser artista gracias a las redes sociales, porque el trabajo, la disciplina y la dedicación siguen siendo los mismos. Lo que sí sé es que ahora tienes la posibilidad de estar más cerca del público y mostrarte tal cual eres.
Entre los sets de grabación, las obras, el podcast, la maternidad y ser una figura tan pública... ¿en dónde y cómo encuentra Susy Lu su propio espacio para ser simplemente ella misma?
SL: Creo que es importante aprender a reconocer nuestras propias virtudes, y una que reconozco en mí es mi capacidad de adaptación. Donde me pongan, encuentro la manera de disfrutarlo. He pasado por muchas etapas: como mamá en las escuelas, como esposa, como actriz trabajando en el teatro y con mis amigos. Siento que en todas he encontrado una parte de mí y lo disfruto muchísimo. También tengo espacios que son muy míos, como el ejercicio, que me hace profundamente feliz y para mí es una terapia. Me interesa mucho mi desarrollo emocional: hago terapia, medito y me gusta entender qué hay dentro de mí y seguir creciendo. Eso es muy mío; son mis momentos. Quizá lo mío no sea un solo lugar, sino aprender a disfrutar todas mis facetas siendo quien soy.
Si pudieras resumir estas más de dos décadas de trayectoria en una sola lección sobre cómo sobrevivir y mantenerte firme en el mundo del entretenimiento, ¿cuál sería?
SL: Yo creo que esta es una carrera de corazón. Lo que te mantiene aquí no son diez, veinte o treinta años, sino no olvidar nunca qué fue lo que te hizo enamorarte de esto. En mi caso, es la adrenalina que da interpretar a un personaje, la posibilidad de experimentar emociones distintas y, sobre todo, transmitirlas. Es una carrera muy cambiante: a veces tendrás mucho trabajo y otras veces las cosas no saldrán como esperabas. Pero yo creo que el éxito no está en las oportunidades que llegan, sino en tener la posibilidad de disfrutar lo que haces. Yo podría seguir haciendo esto diez, veinte o treinta años, toda la vida, mientras siga sintiendo esta emoción por mi trabajo.
Para cerrar: además del teatro y el podcast, ¿tienes algún proyecto nuevo cocinándose en el horno que nos puedas adelantar?
SL: Estamos por comenzar la segunda temporada de "Contrato de Corazones" y estamos muy contentos de que la primera haya tenido tan buena respuesta. También estoy abierta a nuevos proyectos y a lo que venga. Me sigo preparando y siempre tengo ganas de crear cosas distintas.

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