Su compromiso nace también de lo vivido. Haber atravesado procesos personales de dolor emocional le permitió comprender que muchas formas de violencia no son visibles a simple vista.
Hoy, esa experiencia se traduce en acción: junto a la doctora Araceli Aizpuru y la Fundación Kizuna, acompaña a mujeres en la reconstrucción de sus historias.
Vanesa Restrepo representa una nueva generación de activistas que entienden la paz como un proceso íntimo y colectivo. Su nombramiento como Embajadora de Paz no marca una meta, sino la continuidad de una causa urgente: hacer visible lo invisible y construir, desde la empatía, un mundo donde vivir sin violencia sea una realidad posible.
Este nombramiento me emociona, pero sobre todo me compromete a seguir trabajando por una sociedad más consciente, donde la paz no sea un discurso, sino una forma de vivir"
¿Qué significa para ti haber sido nombrada Embajadora de Paz por la Cámara Nacional de la Mujer?
Vanesa Restrepo: Para mí significa una responsabilidad profundamente humana. No lo vivo como un título, sino como un recordatorio de que cada conversación, cada mujer que se atreve a contar su historia y cada proceso de sanación que acompañamos tiene un impacto real. Hoy estoy muy involucrada con la promoción de la salud mental de las mujeres, con la construcción de un mundo más empático y con la visibilidad de formas de violencia que durante mucho tiempo se han normalizado. Este nombramiento me emociona, pero sobre todo me compromete a seguir trabajando por una sociedad más consciente, donde la paz no sea un discurso, sino una forma de vivir.
¿Por qué consideras que te han elegido a ti para entregarte este reconocimiento?
VR: Creo que este reconocimiento llega como resultado de un trabajo constante y profundamente humano. A través de la Fundación Kizuna hemos acompañado a muchas mujeres en sus procesos de sanación, ayudándolas a reconocer y trabajar los traumas que dejan las relaciones abusivas, especialmente aquellas marcadas por el maltrato narcisista y la violencia emocional. En este camino he tenido el privilegio de trabajar de la mano de la doctora Araceli Aizpuru, quien me acompañó en mi propio proceso personal y sigue acompañándome hasta hoy. Ahora somos cómplices en este proyecto de vida, ayudando a otras mujeres a reconstruirse, a entender lo que vivieron y a recuperar su dignidad emocional.
¿En qué consiste tu rol como Embajadora de Paz y qué acciones planeas impulsar?
VN: Mi rol consiste en seguir haciendo lo que ya estamos haciendo: hablar, educar, acompañar y visibilizar. Quiero impulsar acciones enfocadas en la salud mental de las mujeres, la educación emocional, la visibilidad del maltrato narcisista y la prevención de la violencia antes de que escale a formas más graves. La violencia emocional no es un problema menor. Diversos estudios muestran que las mujeres que viven violencia psicológica tienen mayor riesgo de desarrollar depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático, y que muchas relaciones violentas comienzan con señales emocionales que no se identifican a tiempo.
¿Qué mensaje quieres dar hoy a las mujeres a través de este nombramiento?
VN: Que sí es posible vivir en paz. Que sí es posible salir de relaciones que lastiman. Y que el amor propio no es egoísmo, es una forma de protección y de vida. Amo lo que hago desde mi libertad. Amo la vida. Y el hecho de saber que existe la posibilidad real de vivir sin violencia me llena de esperanza. Esa esperanza es la que quiero transmitir a las mujeres que todavía no han encontrado el camino hacia su propia dignidad y hacia relaciones sanas.
El hecho de saber que existe la posibilidad real de vivir sin violencia me llena de esperanza"
¿Qué problemática que enfrentan las mujeres te interesa visibilizar con mayor urgencia?
VN: La normalización del abuso emocional y del maltrato narcisista. Es una forma de violencia silenciosa que muchas veces se disfraza de amor, de preocupación o de control, y cuando no se reconoce a tiempo puede dejar heridas profundas en la salud mental, en la autoestima y en la vida de las mujeres. Visibilizar esta forma de violencia es prevenir daños mayores.
¿Qué consideras que es necesario y urgente cambiar en la sociedad?
VN: Me gustaría que construyamos una sociedad más empática, más consciente y más humana. Una sociedad donde la salud mental sea una prioridad, donde las mujeres no tengan que justificar su dolor para ser escuchadas y donde los hombres también puedan formar parte de la solución desde la empatía. Confío profundamente en que mujeres y hombres empáticos podemos unirnos para hacer de este mundo un lugar más seguro.
¿Hay alguna experiencia personal que haya marcado tu compromiso con esta causa?
VN: Sí. Haber vivido procesos personales que me enfrentaron con el dolor emocional me permitió entender que la violencia no siempre es evidente, muchas veces es silenciosa. En mi propio camino encontré acompañamiento profesional y herramientas para sanar. Esa experiencia cambió mi vida y hoy, junto con la doctora Araceli Aizpuru y el equipo de la Fundación Kizuna, acompañamos a mujeres que están reconstruyendo su historia. Porque cuando una mujer sana, no solo cambia su vida: cambia la vida de su familia y de su comunidad.
Texto por Fernando Santacruz

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