Rossana Nájera vive su mejor momento: "El éxito es estar sana, plena, feliz"

Entre la luz y la sombra, Rossana Nájera atraviesa uno de los momentos más maduros y desafiantes de su carrera. 


Foto: Pablo Solano

Reconocida por dar vida a personajes intensos y emocionalmente complejos, la actriz mexicana se enfrenta ahora a Lía, una antagonista marcada por la inconsciencia, el narcisismo y heridas profundas que determinan cada una de sus acciones en 'Hermanas, un amor compartido'.

Lejos de los reflectores, Rossana revela a una mujer sensible, profundamente arraigada a su familia, a sus amigos y a la vida que ha construido desde el amor y la gratitud. En esta conversación íntima, habla de las decisiones arriesgadas que definieron su trayectoria, de cómo ha cambiado su concepto de éxito con el paso del tiempo, de la importancia de proteger el corazón y de los retos emocionales que implica dotar de humanidad a un personaje tan oscuro.

Con honestidad y madurez, Rossana reflexiona sobre la autenticidad en un medio tan expuesto, sobre la evolución que solo los años y las experiencias pueden otorgar y sobre la fuerza de mantenerse fiel a quien es, incluso cuando habita personajes extremos. 

"Los años, la edad y el tiempo hacen que las vivencias se vuelvan más reales"

 

Después de tantos personajes intensos, ¿qué haces para volver a ser Rossana cuando llegas a casa?

Rossana Nájera: Creo que personajes como Lía, que es la villana de la historia y hace cosas horribles, que lastima profundamente a quienes la rodean, me ayudan a darme cuenta de lo bonita que es mi vida cuando salgo de escena y termino el llamado. Agradezco infinitamente tener cosas lindas alrededor: una familia preciosa, amigos que me aman y un corazón lleno de cosas bonitas. Entonces, la verdad es que me resulta muy fácil volver a mí. Salir de ahí es sencillo porque justo agradezco la vida tan bonita que tengo.

¿Qué parte de tu personalidad el público aún no conoce?

RN: Creo que mi sensibilidad. Soy muy sensible, muy chillona. Y la verdad es que me cuesta que me vean así. No soy de las personas que se suben a redes sociales llorando o que fácilmente van a ver llorar en público. Me conmueven cosas que quizá para otras personas pueden parecer tonterías, pero a mí sí me llegan profundamente. Y mientras más crezco, más sensible me vuelvo. La hormona también hace su trabajo (risas). Esa parte casi nadie la conoce, salvo las personas que están muy, muy cerquita de mí. Ellos ya saben que soy chillona y ni siquiera se preocupan cuando me ven llorar.

 "Mientras más crezco, más sensible me vuelvo"

Mirando tu historia, ¿cómo fue lidiar con decisiones arriesgadas que terminaron siendo esenciales para tu trayectoria profesional?

RN: La decisión más arriesgada, y también la más dolorosa, fue dejar mi ciudad, a mi familia, a mis amigos, mi vida y mis raíces. Pero si no hubiera tomado esa decisión, no estaría haciendo hoy lo que amo, que es actuar. Después, día a día, vas tomando decisiones como aceptar proyectos que implican dejar de lado momentos importantes de tu vida personal. Me he perdido bodas, momentos especiales y también momentos muy duros en los que me hubiera gustado estar con la gente que amo. A veces tienes que decir que sí a un proyecto porque sabes que puede cambiar tu futuro profesional. Esas son decisiones arriesgadas. Y también interpretar a una loca como Lía, sabiendo que tal vez me van a odiar, pero que también me va a dejar muchísimas satisfacciones.

 

Foto: Pablo Solano

¿Cómo sientes que has evolucionado como actriz en los últimos años?

RN: Sin duda, los años, la edad y el tiempo hacen que las vivencias se vuelvan más reales. Recuerdo que cuando empezaba mi carrera, el maestro Raúl Quintanilla me decía que hay emociones que solo salen con los años y con la experiencia de vida. Hoy, después de tanto tiempo, puedo conectar mucho más con emociones dolorosas y gozosas gracias a la madurez y a los trancazos que te da la vida. Cuando eres más joven, es difícil saber qué se siente realmente, hoy ya lo sé. No digo que conozca todas las emociones, pero sí muchas de las que puede vivir cualquier personaje. Los años, la madurez, la edad y, por supuesto, los trabajos y personajes que he hecho me han dado muchísima experiencia.

¿Qué significa el éxito para ti ahora y cómo ha cambiado con el tiempo?

RN: ¡Uy, muchísimo! Hoy el éxito es tener salud, tener amigos, tener amor alrededor, que mi familia esté bien y despertar todos los días agradecida por lo que tengo. Eso, sin duda, es éxito. Cuando eres más joven, crees que el éxito tiene que ver con los proyectos, el reconocimiento o cómo le va a un trabajo. Eso es muy satisfactorio, claro, pero ya no define el éxito en mi vida. Hoy el éxito es estar sana, plena, feliz y rodeada de amor.

¿Qué te ayuda a mantener la autenticidad en un medio tan expuesto?

RN: Mi familia. Y cuando digo familia, incluyo a mis amigos, que son la familia que elegimos. Ellos me recuerdan todos los días quién soy, por qué soy como soy y me hacen entender que no quiero dejar de ser la Rossana que he sido hasta hoy. Gracias a eso los tengo a mi lado y mantengo relaciones reales, honestas y profundas. Creo que cuando pierdes tu autenticidad, empiezas a perder también lo que amas. Y eso no lo quiero perder nunca. Ellos siempre me regresan a mí.

Foto: Pablo Solano

¿Qué te hizo decir sí a Hermanas, un amor compartido?

RN: Muchas cosas. La primera fue volver a trabajar con Silvia Cano, que es un gozo y un privilegio. Es una producción hermosa, profesional y llena de armonía, donde sabes que todos los días la vas a pasar bien. Cuando me contó la historia de Lía, me enamoré inmediatamente del personaje. Es una loca encantadora. Sé que el público no lo verá así, pero creo que su maldad nace más de una inconsciencia absoluta que de otra cosa. Lía es narcisista, egoísta, caprichosa, y si sumamos su historia de vida, haber perdido a su mamá desde muy pequeña, entendemos cómo se va tejiendo su personalidad. No justifico sus actos, pero sí los comprendo. Además, el elenco fue otro gran motivo. Trabajo con amigos entrañables como Adriana Louvier y Juan Martín Jauregui, con quienes tengo casi 20 años de amistad. Sumemos a actores que admiro profundamente como Alejandro Camacho, Guillermo García Cantú, Osvaldo Benavides, Danna Garcia y muchos más. Es un apapacho al alma. Estoy profundamente agradecida por este proyecto y por el reto que significó interpretar a Lía. Ya verán de qué locuras hablo… hace cosas verdaderamente espantosas.

¿Cuál fue el mayor desafío emocional al interpretar a Lía, una de las antagonistas de la historia?

RN: El reto fue no hacer una villana clásica, mala solo porque sí. Quería encontrar el sentido humano detrás de sus acciones. Todos tenemos luz y sombra, y dependiendo de nuestra historia de vida, una puede dominar a la otra. En Lía, la sombra está completamente expuesta porque siente que pierde el control, se siente desplazada desde que es mamá y fue criada con un consentimiento excesivo. Para mí fue un desafío enorme interpretar a una mujer sin límites, sin escrúpulos, con tan poco amor, cuando en mi vida personal incluso me cuesta poner límites. Lía es una muy mala mamá, y eso me confrontó muchísimo. El desafío fue mostrar que no es mala por ser mala, sino que hay una historia, una personalidad y una inconsciencia que puede volverse maquiavélica.

Con el tiempo aprendemos a proteger lo que es esencial. ¿Qué defiendes hoy con más firmeza en tu vida personal?

RN: El corazón. Es lo que más cuido y lo que más defiendo. Ya no se lo entrego a cualquiera ni lo pongo en manos de quien no sabe cuidarlo. Soy una mujer confiada, que se abre y se entrega fácilmente, y eso me ha traído cosas maravillosas, pero también golpes muy duros. Hoy cuido mucho más a quién le entrego mi corazón. A mi familia, a mis amigos cercanos, a los hermanos que la vida me regaló. Mi intimidad, lo que hay dentro del corazón, es sagrado. No hay que exponerlo demasiado, porque es fácil que lo lastimen. Y eso, hoy, lo protejo con todo.