Con casi tres décadas de carrera, Ana Layevska ha construido una trayectoria marcada por la versatilidad, la disciplina y una profunda relación con el arte de contar historias. Iniciando su vida profesional aún en la adolescencia, la actriz ha atravesado diferentes etapas de la televisión y del streaming latinoamericano, transitando con naturalidad entre el drama, la comedia y el suspenso, géneros que, cada uno a su manera, han ayudado a moldear su identidad artística.
A lo largo del camino, algunos personajes se han convertido en hitos definitivos. Desde el desafío físico y emocional de papeles intensos hasta la popularidad alcanzada en series de comedia con audiencias globales, Ana se ha consolidado como una intérprete capaz de reinventarse sin perder autenticidad. En particular, su relación con personajes médicos ha demostrado no solo dedicación técnica, sino también un respeto riguroso por la veracidad y la responsabilidad de representar profesiones reales en la ficción.
Nacida en Rusia y formada profesionalmente en México, Layevska porta una mezcla cultural que influye directamente en su visión del mundo. La formación artística rigurosa de su infancia, marcada por la música y la disciplina del conservatorio, se suma a la sensibilidad latina adquirida con los años. Este contraste cultural se refleja tanto en su personalidad franca como en la profundidad con la que aborda emociones y conflictos humanos en escena.
Entre las dudas naturales del oficio, pasiones que perduran y una curiosidad constante por el ser humano, Ana Layevska reafirma su lugar como una actriz que entiende la carrera no como una línea recta de logros, sino como un camino vivo, lleno de pausas, aprendizajes y reinvenciones.
"Miles de veces he dudado el camino artístico."
Comenzaste tu carrera a los 16 años. Si pudieras volver en el tiempo y darle un consejo a la joven Ana que estaba entrando en Primer Amor… A Mil por Hora, ¿cuál sería?
Ana Layevska: Principalmente que trabajara menos, disfrutara más, que viajara más y se preocupara menos en general. Creo que lo que he aprendido con el tiempo es justamente no pensar que todo en la vida es lograr metas, sino que a veces hay que disfrutar de las pausas y de los momentos. Es un proceso largo, pero en ello estoy.
Muchas actrices tienen un papel que marca profundamente sus vidas. Para ti, ¿qué personaje aún resuena en tu memoria cuando piensas en tu trayectoria?
Ana: Tengo varios. Laura Wolfe en Yankee, que fue un personaje sumamente desafiante para mí a nivel actoral, físico y mental. Chivis de Guerra de Vecinos, que marcó un antes y un después en mi carrera como actriz de comedia; me llevó a disfrutar profundamente el género y, además, fue una serie muy popular en Netflix. Y probablemente el personaje de Mariana Esquivel en Doctora Lucía. Creo que ha sido y es el personaje que más he disfrutado en el set.
Entre tantos géneros —drama, comedia, suspense—, ¿cuál es el que más te desafía y cuál te da más placer?
Ana: El que más me desafía definitivamente es el suspense, porque mantener atento al espectador no solo requiere precisión de dirección, sino también un timing ideal para no sobrepasarse con las emociones. Lo que más disfruto es la comedia. Muchos actores la consideran el género más difícil y sí, tiene sus desafíos, como la corporalidad y el timing, pero es algo que disfruto mucho y me permite pasar a un plano de estar en un mood divertido.
Naciste en Rusia y construiste tu carrera en México. ¿Cómo ha influido esa mezcla cultural en tu visión del mundo y del arte?
Ana: Considero que no solo ha influido en mi visión del mundo y del arte, sino también en mi personalidad. Hay ciertos rasgos y características míos que la gente percibe y dice: “¡Ay, eso es tan ruso de tu parte!” Por ejemplo, el ser muy franca, decir las cosas como son, y también esa tendencia a esperar siempre lo peor, creo que eso es un rasgo ruso. En cuanto al arte, Rusia tiene una educación artística muy sólida: mucha gente toca el piano, hace ballet, escribe o compone música; no es un asunto de élite, es algo accesible para todos. Ese bagaje me ha dado además una capacidad de entendimiento más profundo de la cultura latina, porque el contraste entre ambas culturas me ha permitido comprender a las personas de una manera distinta y profunda.
¿Cuál es el recuerdo más significativo de tu infancia que aún llevas contigo como combustible creativo?
Ana: Cualquier recuerdo puede servir como combustible creativo. Los actores tenemos un enorme bagaje de recuerdos y sensaciones que usamos para interpretar personajes o emociones. Uno de los más significativos para mí es que, de niña, estudiaba en el conservatorio de música, donde había una disciplina férrea, muy profunda, incluso para edades pequeñas. A los ocho o nueve años debía presentar recitales y exámenes. Era complicado, pero agradezco tener esa disciplina como un impulso que me mantiene hasta hoy.
Cuando no estás actuando, ¿dónde encuentra refugio y paz Ana?
Ana: Definitivamente en mis hijos y en mi familia. No hay nada más hermoso que llegar a casa después de trabajar. Cuando te vuelves papá, el significado de un abrazo se vuelve sumamente importante y necesario. Pero no solo encuentro paz en la familia: también disfruto dormir, ver televisión, usar el iPad, revisar redes sociales y, sobre todo, tomarme un tiempo de silencio. En ese silencio está mi paz. Además, los viajes son fundamentales: conocer nuevos países y horizontes es muy importante para mí.
"Para mí, el éxito es el privilegio de poder hacer lo que me gusta"
¿Hay alguna pasión secreta o pasatiempo que pocas personas conozcan sobre ti?
Ana: Sí, me gusta tocar el piano. A veces aprendo alguna pieza nueva. También disfruto mucho los documentales y los podcasts; últimamente es mi principal manera de entretenimiento. Además, estoy probando la cocina. No creo que sea una pasión, pero sí se está convirtiendo en un hobby.
¿Has pasado por momentos en los que dudaste del camino artístico? ¿Qué te mantuvo firme
Ana: Miles de veces he dudado del camino artístico; creo que es parte de ser artista. La inseguridad es normal. Un artista demasiado seguro puede volverse arrogante y perder la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, que es justamente lo que hacemos los actores, directores y quienes contamos historias. Todos nos cuestionamos si estamos en el camino correcto, si deberíamos cambiar de carrera. Pero siempre regreso: el amor por la actuación es infinito. Es una pasión que tiene subidas y bajadas, como cualquier relación pasional, pero se vuelve un mal necesario en el camino artístico.
¿Cómo ves el cambio del papel de la mujer en la televisión y el cine desde que comenzaste hasta hoy?
Ana: Hoy hay muchas más historias lideradas por mujeres o hechas para mujeres. En los años 2000, ciertos temas eran políticamente incorrectos, pero hoy cada vez es menos relevante si detrás de una película o serie hay un hombre o una mujer. Esto me parece fantástico. En cuanto a las historias, cada vez hay menos distinción sobre si el protagonista debe ser hombre o mujer; lo importante son las buenas historias. Esto abre oportunidades para todos y todes.
La fama puede ser intensa. ¿Qué haces para mantener tu vida personal equilibrada frente a la exposición pública?
Ana: Me encantaría ser Leonardo DiCaprio para contestar esta pregunta, pero no me considero tan famosa. Soy una mujer relativamente sencilla. Hoy, con las redes sociales, estamos más cerca de nuestros ídolos, pero yo mantengo mi vida privada sencilla y equilibrada.
¿Qué significa el éxito para ti hoy, en comparación con el inicio de tu carrera?
Ana: Para mí, el éxito es el privilegio de poder hacer lo que me gusta. Antes no lo veía así. Además, estar vigente, ser necesaria y seguir trabajando es un gran logro: llevo 27 años de carrera y nunca he pasado un año sin hacer algo. Esta carrera es como una rueda de la fortuna: mañana puedes llegar a un proyecto que te cambie la vida o no, y hay que aceptar esa parte fluctuante.
Muchos papeles médicos requieren preparación real con profesionales de la salud. ¿Qué tipo de entrenamiento o experiencia buscaste para construir a la Dra. Mariana Esquivel?
Ana: Es impresionante lo que he aprendido sobre medicina en estas tres temporadas. Cada enfermedad que mostramos existe, y los tratamientos que aplicamos en la serie son avalados por un médico en el set, quien nos enseña cómo usar el bisturí y conoce a fondo los medicamentos y procesos médicos.
Escuché que Ellen Pompeo, de Grey’s Anatomy, dijo que cuando viaja en avión y le preguntan si hay un médico, casi se siente lista para ser voluntaria. ¡Eso da una idea del nivel de preparación que requiere!

